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Patinets elèctrics, segways, hooverboards...


Patinets elèctrics, segways, hooverboards...
Publicat el: 10/09/2018

 

L'augment dels VMP en la mobilitat urbana és una realitat. Hem volgut conèixer l'opinió d'un expert sobre aquesta tendència i quin és el lloc d'aquests ginys en les nostres ciutats.

 

Fa uns anys, amb motiu de la presentació de l'Informe de Mobilitat de l'any 2015 sobre el projecte de la mobilitat en bicicleta a Andorra, vam gaudir de la ponència de Pedro Bravo, autor de l'assaig Biciosos.

Pedro Bravo és periodista, escriptor, guionista, consultor de comunicació i investigador. Col·labora amb grans editorials com El Mundo, El País, l'ABC o La Razón, treballa principalment sobre la recerca de ciutats més humanes i sobre totes les noves tendències en termes de mobilitat urbana. Té un blog propi, Desde mi bici on comparteix la seva visió sobre els temes urbans.

Al veure cada dia més "segways", patinets elèctrics i altres nous ginys que no són ni cotxes, ni motos, ni tampoc bicicletes, proliferant sobretot pels carrers de les parròquies centrals; ens ha semblat interessant conèixer la seva opinió sobre aquest nou fenomem de mobilitat.

 

Pedro Bravo Presentació IMACA 2015

Adjunt compartim la seva opinió en un article especial pensat i escrit exclusivament per a l'Automòbil Club d'Andorra.

 

"¿Qué hacemos con los vehículos de movilidad personal?"

Patinetes eléctricos, monociclos, segways, hooverboards… De repente el mercado nos trae un montón de artilugios que se han dado en llamar vehículos de movilidad personal (VMP) y las ciudades se encuentran con un nuevo asunto a tratar. Estos VMP son la versión eléctrica de otros ya existentes, como monopatines o patinetes, pero están teniendo mucho éxito por varias razones. En primer lugar, la relación coste-utilidad. Por entre 300 y 400 euros puedes tener un patinete eléctrico de en torno a 10 kilos de peso, con unos 30 km de autonomía y que alcanza una velocidad de 25 km/h. Por un poco más, los hay más ligeros y mucho más veloces (45 km/h). Son, además, fácilmente plegables y por eso sencillos de transportar y de usar combinando distintos medios de transporte (bus, tren, coche). Y, además, vienen con el halo de la modernidad y la tecnología, argumentos de venta que fascinan al ser humano.

No todo es positivo. Para quienes creen que la movilidad debe tender a ser activa, estos aparatos no cumplen. Aunque aún no hay datos fiables, la percepción de los expertos es que pueden sustituir más trayectos andando o en bici que en coche. Otro problema es el lugar que deben ocupar en las calles. Por lo que se ha visto hasta ahora, en las ciudades que tienen una buen red de carriles bici, los VMP circulan sobre todo por ellos, aunque también bastante por la acera y muy poco por la calzada. Ocurre así en Valencia, sobre todo, y Barcelona. Sin embargo, donde no hay una buena malla de infraestructura ciclista, lo más habitual es verlos moverse por las aceras, como pasa en Madrid y en muchas ciudades norteamericanas. Justo el espacio que debe estar más protegido.

Tanto las asociaciones ciclistas como las de peatones coinciden en que estos VMP no deben pisar la veredas, que consideran con muy buen criterio como lugares reservados —salvo en el caso de vehículos motorizados para personas con discapacidad—, exclusivamente a la gente que elige moverse caminando o que elige no moverse y establecer cualquier otro tipo de interacción. Pero estos colectivos van más allá: tampoco creen que los VMP deban circular por los carriles bici. Bajo su punto de vista, el hecho de que sean vehículos a motor y el diferencial de velocidad que tienen respecto a las bicis, provoca y provocará conflictos en unas vías que deberían estar reservadas exclusivamente para la movilidad activa. Para estos colectivos, el lugar de los VMP es la calzada.

Las asociaciones de usuarios de VMP que empiezan a crearse, también creen que la calzada debe admitirlos. Pero los usuarios de estos aparatos consideran también que sí pueden ir sin problemas por los carriles bici. Y admiten que la acera debería estar vedada para ellos, aunque argumentan que en realidad sería mejor dejar que los usuarios adaptasen su ritmo al paso de los peatones, una concepción rousseauniana de la vida en la ciudad que está probada como fallida en casi todas partes.

¿Entonces? ¿Qué dicen las normas? Los ayuntamientos de todo el mundo están tratando de adaptar sus ordenanzas de movilidad a esta y otras novedades. En España hay nuevas regulaciones en proceso o muy recientes en Madrid, Valencia y Barcelona y, en general, coinciden en prohibir absolutamente los VMP por las aceras, dejarles sitio en los carriles bici y restringir su paso por la calzada a calles muy concretas.

Lo que se aprecia en estas normativas es, siendo benevolentes, demasiada cautela. En un momento en el que las ciudades se están dando cuenta de los problemas que genera el tráfico de coches, de las consecuencias de la contaminación pero también de la ocupación del espacio público, la aparición de nuevos vehículos como éstos debería considerarse como una oportunidad. Arrinconarlos en el carril bici es no querer enfrentarse al asunto esencial: lo que hay que hacer es reducir el tráfico, pacificarlo, buscar que las calles de la ciudad sean espacios compartidos. Los usuarios de bicis y patinetes, por muy eléctricos que sean, tienen miedo a circular por unas calles en las que gobiernan vehículos muy pesados que alcanzan velocidades que suelen ir mucho más allá de los límites establecidos: los automóviles. ¿Y si se limitase la velocidad en las ciudades a 30 km/h y se aplicase estrictamente la disciplina? ¿Y si recuperásemos las calzadas para todos los medios de transporte y lográramos calles compartidas? ¿Y si redescubriéramos la ciudad como lugar de encuentro en un entorno seguro, habitable y sostenible?"

 

Hooverboards

 

Veiem que estem davant d'una tendència global i que els problemes que tots aquests nous mitjans de desplaçament impliquen per a tots els usuaris de les xarxes viàries, són comuns a la majoría de ciutats i sobre tot com és el nostre cas, en territoris petits on per ara no existeixen espais i càrrils adaptats per a totes aquestes noves formes de mobilitat.

Un nou repte que haurem d'encarar entre institucions privades i públiques.

Recordeu sobretot que si utilitzeu aquests VMP, com qualsevol altre usuari heu de respectar les senyals de circulació i la resta d'infraestructures de les calçades, sempre amb seny i seguretat!